Caputo reconoció que ya no hay de dónde recortar. Si en los próximos meses no mejoran las cuentas, el panorama será cada vez más difícil.
Por Roberto Pico
La estabilidad del dólar que ancla la inflación y por ende al plan económico está encubriendo la mortal interna oficialista y el agotamiento del ajuste continuo como herramienta para sostener el equilibrio fiscal.
La calma chica en la superficie de la sociedad aún es suficiente para llevar adelante un día a día en los que sólo un tercio de la población está percibiendo luz al final del camino.
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Los cruces entre los distintos bandos de La Libertad Avanza no hacen más que ahondar las dudas sobre la continuidad del plan económico, que necesita sí o sí de una amplia confianza.
A esto se suma el impacto de los recortes permanentes sobre la población, que generan una profunda insatisfacción acompañada de frustraciones cotidianas.
Una economía “pesada” y la agotadora discusión política confluyen para atizar las dudas de empresarios e inversores sobre la reelección de Milei.
“A pesar del superávit fiscal y la acumulación de reservas que exhibe el Gobierno, preocupa el freno en la actividad económica y el estancamiento de los salarios. Este escenario deteriora la recaudación impositiva y frena la expansión del crédito privado”, dijo un reciente informe de la consultora Wise Capital como resumen de la coyuntura.
En la semana Milei dio un discurso en un evento organizado por Banco de Valores donde defendió el plan económico. Al otro día, Juan Napoli, titular de esa entidad lanzó: “Hoy la duda de los inversores es si el presidente va a ser reelecto. Kicillof puede generar ruido en el mercado financiero”. Otro alerta que no es inocuo para el imaginario de los dueños del dinero.
Así se retroalimenta el círculo vicioso que amenaza con frenar aún más la actividad y pone en estrés crónico al plan económico. Sin la certeza de la continuidad del libertario en la Casa Rosada es muy difícil que las cataratas de inversiones “anunciadas” efectivamente se concreten, más allá de las estrictamente vinculadas a un negocio imparable como lo es “Vaca Muerta”.
Durante una reciente entrevista, el ministro de Economía, Luis Caputo, realizó una advertencia relevante: “Tenemos que aumentar la recaudación porque ya no hay más margen para lograr superávit fiscal vía un ajuste”.
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La definición es inquietante porque los recursos tributarios vienen cayendo desde hace nueve meses. Si bien algunos economistas señalan que aparecieron algunos brotes verdes en los últimos datos de recaudación, no hay indicios firmes de que esta tendencia se consolide. Es más, los datos anticipados de abril y mayo no permiten ser muy optimistas al respecto.
En este escenario, el jefe del Palacio de Hacienda también está dando su batalla cultural para contener a los inversores que ya están adentro y captar alguno nuevo. Por un lado hace equilibrio para convencer de que el “riesgo kuka” no existe, pero sin dejar de decir que “un poquito hay” para justificar que las manchas de su programa, como la lenta reactivación, no permiten bajar el riesgo país.
Por otro, enfatiza con un fanatismo inaudito que Milei será “sin dudas reelecto en 2027, fácil, por goleada”. Eso son gestos para el gran público. A los más sofisticados los tiene entretenidos con las supuestas “alternativas de financiamiento más barato” que tiene a la mano para pagar los vencimientos de 2026 y 2027. Falta poco más de 45 días para el primer pago y los créditos no aparecen.
Los “acuerdos” con BID y Banco Mundial apenas fueron garantías para cerrar supuestos préstamos que, por el momento, no están a la vista.
En el plano interno, Caputo concedió cambios para hacer arrancar la Ley de Inocencia Fiscal y convencer a la población de que es una buena oportunidad para sacar “los ahorros del colchón”.
El Gobierno hace más de un año viene machacando con este plan y no consigue instalarlo como una opción atractiva para los ahorristas locales. Las nefastas experiencias del pasado con el dinero declarado de la gente por ahora son una barrera infranqueable. No hace falta más que recordar que hubo una Ley de Intangibilidad de los depósitos que voló por los aires junto a la convertibilidad.
Los abogados y los contadores tienen dudas acerca de que la ley blinde efectivamente a sus clientes y no son muy afines a recomendar su adhesión.
La actividad económica rebotó en marzo y marcó su mejor dato en casi un año
Caputo recibió a los profesionales del área, aceptó su sugerencia y prorrogó los plazos de adhesión para intentar cambiar esa perspectiva, pero al margen de lo que se pueda explicar, las cicatrices del pasado aún no cerraron.
Hay un punto generacional que el Gobierno no tiene en cuenta en esta discusión. Aunque con menos caudal, su sustento político siguen siendo los jóvenes, que no son precisamente los que más “canuto tienen”.
Quienes pueden “blanquear” dinero del colchón son aquellos que sufrieron todas las confiscaciones, planes Bonex y demás atropellos del Estado argentino contra el ahorro privado. No es fácil que ese dinero vea la luz del sol.
